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viernes, 9 de abril de 2010

Impresiones de Kawagoe y del mejor sushi del mundo

Buenas de nuevo! Seguramente ya ni siquiera os acordais que un par de frikis se fueron a Japón...siento el retraso pero los últimos días nipones fueron un no parar y al llegar a casa me he encontrado con mil trabajos y examenes para la universidad...vaya semanita.... En fin, es hora de retomar nuestras maravillosas aventuras.


Nos habíamos quedado en el amanecer del onceavo día, después de una noche curiosa en el hotel cápsula. Esa mañana fuimos al hotel Edoya a hacer el check-in y asegurarnos que nuestras maletas estaban a salvo en la habitación. Después de un pequeño susto (nos dijeron que no teníamos habitación y que podíamos coger una más cara...alfinal se habían equivocado de persona, eso les paso a otros xD), nos fuimos a visitar Kawagoe. En su día no me dió tiempo a hacer artículo de este destino, así que haré un pequeño resumen ahora.


Kawagoe es un pequeño pueblo al norte de Tokio, a unos 40 kilómetros. Es poco conocido en Occidente, pero entre los nipones es famoso por conservar un buen puñado de casas antiguas. Esto es debido a que al ser de madera y tejado negro, la aviación americana durante la segunda guerra mundial creía que ya habían sido bombardeadas. Como ya he dicho en infinidad de artículos, los bombardeos arrasaron el país, especialmente la zona de Tokio, que fue duramente bombardeada durante 3 largos días por los B-59. Todo esto ha hecho que Kawagoe se conozca por la pequeña Edo (Edo era el antiguo nombre de Tokio), por ser capaz de sumergirnos en el ambiente de una antigua ciudad japonesa.


Realmente esta inmersión se consigue en dos calles. Kawagoe es una pequeña ciudad con varios templos y casas diseminadas antiguas, pero cuyo interés turístico está bastante concentrado. Es cierto que en esas dos calles hay un buen tramo con casas antiguas a ambos lados de la calzada, transportándote a otra época... pero a mi me supo a poco... Si ya visitáis Kioto no verás nada nuevo, pero si vais unicamente a Tokio, acercaros un día a Kawagoe y otro a Nikko para descubrir el otro Japón es una gran idea. Por cierto, es normal que la aviación no lo bombardeara, las casas realmente dan la sensación de haber vivido más de un incendio.


Como ya he dicho no se trata de una larga visita, y poco después de comer estábamos de camino a Tokio. Como teníamos tantas horas libres, decidimos hacer una parada en Akihabara. Tampoco era el día oficial de compras... pero fue imposible contenerse (de nuevo). Sin saber como, volvimos cargados al hotel con cosas tan dispares como un precioso alien articulado exclusiva mundial de lanzamiento.


Al día siguiente nos levantamos extremadamente pronto (tanto que justo acababa el partido Arsenal - Barça en Europa) para ir al mercado de pescado de Tokio. Se trata de la mayor lonja del mundo, famosa por la subasta de atunes (no madrugamos lo suficiente, es entre las 5 de la mañana y las 6 y media). Nosotros llegamos poco después de las siete, y casi no quedaban pescados a la vista, aunque algún que otro atún tamaño coche si que vimos. Después de callejear un poco y evitar ser atropellado por una especie de carretillas eléctricas emparejadas con autochoques, nos fuimos a desayunar sushi. DaDy no las tenía todas con él, pero lo conseguí meter en un restaurante de sushi. Allí pudimos degustar el magnífico sushi de toro (una parte del atún, creo que la panza, llena de vetas de grasa y de delicioso sabor), culpable que a partir de ahora cada vez que alguien me sirva atún me ria en su cara. Ni siquiera el sushi volverá a ser lo mismo.


Después de nuestro desayuno a precio de gourmet, nos fuimos a pasear por las zonas mas densadamente pobladas del mundo. Primero nos fuimos a Shibuya, donde podemos cruzar el paso de cebra que más personas cruzan al día en el mundo. Se trata de un paso de cebra en forma de cuadrado con una X marcada, donde se cruza a la vez en todas sus partes. La riada de gente es espeluznante (pero eso si, no llegas a chocarte con nadie, que esto es Japón), y el ambiente de película de ciencia ficción me encantó. Además nada más salir de la estación podemos ver la estatua a Hachiko, el perro que iba a esperar a su dueño (profesor de la universidad Todai) cada día en ese mismo punto...incluso después que el dueño muriera, iba cada día durante más de diez años a esperarle.


Habíamos leído en la web de Kirai que se podía ir caminando desde Shibuya a Shinjuku. Un rápido vistazo a los mapas nos demostró que o Kirai es fondista, o esta como una maldita cabra..porque está a 4 estaciones de distancia, atravesando el parque Yoyogui (posiblemente el más grande de la ciudad). Al final la mitad del trayecto la hicimos en tren, cosa que nos permitió ver por dentro la mayor estación de trenes del mundo. Es del tamaño de un centro comercial (y a ratos lo parece, esta llena de tiendas) con más de 200 salidas diferentes. Puede parecer que perderse dentro es fácil, y no, no lo es. Salir es sencillo... siempre hay alguna salida cerca. El problema es que quizá te tocará patear mucho hasta llegar a la salida deseada. Shinjuku esta rodeada de zonas de compras, con inmensos centros comerciales e incluso una tienda Hello Kitty donde casi nos sale un sarpullido. Además aprovechamos para comer en una callejuela llena de bares de Yakitoris (los pinchitos japoneses...de delicatessen tales como piel, cartílago, corazón, lengua de cerdo...).


Por la noche fuimos hacía uno de los momentos que más frikismo prometían de todo el viaje. ¡Nada más y nada menos que la cena en el restaurante ninja! Por sorprendente que parezca, no tuvimos problemas ni en encontrar el sitio ( que crack estoy hecho con los mapas) ni en que entendieran que habíamos hecho una reserva. De hecho, hablaban un inglés más que aceptable. Es una mezcla de restaurante espectáculo (te guían por una gruta hasta tu mesa, haciendo el paripe con puentes y cosas así. Además el camarero va haciendo cosas raras durante la cena, como provocar explosiones en tus platos), con cocina de diseño. Todo estaba muy bueno (aunque caro), todo y que esto de la cocina de diseño en pequeños platos no suele hacerme mucha gracia. Por cierto volvimos a comer sushi de toro (aunque no tan bueno y algo más pequeño), además de disfrutar de una sesión de magia bastante entretenida, DaDy esta dándolo todo con los vídeos y antes o después estará disponible).


Así llegamos al final de este artículo. Queda pendiente el último de la narración de nuestro viaje, con la visita al museo Ghibli y el paseo por la isla de Odaiba, entre otras cosas. Para los amantes del rosa, otro capítulo de la floración del cerezo.


viernes, 2 de abril de 2010

Último día en Kioto y primero en Tokio

Esta vez no escribo desde un tren, si no desde el hotel de Tokio. Estamos reorganizando la maleta para conseguir meter todas las compras sin que nos cobren 200 euros extras... que Buda nos coja confesados. En mi caso particular, todas las compras llenan la maleta de mano... queda por ver si superan los 8 kilos permitidos (en la foto de abajo vemos a DaDy  preparandose para usar la tecnica secreta ninja del tetris).. Pero de todo esto ya es mantiene al día DaDy, yo me vuelvo a centrar en el viaje



En las impresiones del viaje, nos quedamos en el último día de Kioto. Ese día fuimos a ver el norte y centro de la ciudad, empezando por el Kinkakuji, el pabellón dorado. El edificio en si es muy similar al Ginkakuji de hacía dos días, pero este si que es dorado. Además hay un jardín que lo rodea... por desgracia nada más llegar empezó a llover, y no pudimos disfrutar del reflejo del pabellón en el lago, que dicen que es más bonito que el Kinkakuji en si.


Al salir, empezamos a caminar hacía el Ryoanji, el templo del dragón durmiente. Es conocido por tener un jardín seco (arena rastrillada haciendo ondas, con piedras dispuestas estrategicamente para ayudara  meditar) espectacular... que aunque lo es, es enanísimo y a mi me supo a poco.



Para acabar fuimos al templo Ninnaji. Se trata de un gran complejo con varios edificios y jardines (entre ellos uno seco) célebre entre los nipones por ser el único sitio donde hay cerezos de ramas bajas (llamados sakura omuro, en honor al antiguo nombre del templo).



Después de comer fuimos al palacio imperial. Por desgracia no pudimos visitarlo porque solo admite visitas por la mañana, pero pudimos pasear por sus jardines. Ese día hizo mucho frío, y como ya hemos dicho llovía...pero de golpe dejo de llover, y se puso a nevar. Y que nevada señores, durante un cuarto de hora parecía Barcelona :D. Después se pasó toda la noche nevando, y el resultado ya lo visteis en el artículo anterior.



Al día siguiente cogimos el tren hacía Tokio, bordeando el monte Fuji que es precioso (lástima que no le hice fotos en ese momento). Después de dejar las maletas en el hotel Edoya, fuimos a Akihabara a hacer una primera toma de contacto. Dios mio, espectacular. La cantidad de tiendas de videojuegos, manga, anime, frikismo o directamente porno (estamos hablando de tiendas de 6 plantas en todos los casos) es inabarcable. Podemos encontrar tiendas inmensas solo de juegos retro, con cartuchos de todas las consolas conocidas. O varias plantas de merchandising de  series y videojuegos, con miles de llaveros y gazapones (bolas de poner 2 monedas y te caiga algo, o su hermano mayor: cajas con una figura aleatoria dentro de una serie de entre 5 y 10 posibles, su valor varía entre 200 y 1500 yenes dependiendo lo currado). La idea era solo mirar para comprar el viernes, pero fue imposible, las primeras compras fueron inevitables.




Por la tarde fuimos a la torre de Tokio a ver anochecer. Esto era recomendación directa de Natalia, y la verdad es que acertó. Se trata de una torre similar a la de París (pero pintada de rojo) de 333 metros, cuyo mirador principal se encuentra a 150 metros. se tiene una vista espectacular de la ciudad, aunque no estás por encima de todos los rascacielos (hay otro mirador a 250 metros pero te cobran un suplemento muy cafre y encima había una hora de espera). Vimos atardecer con la silueta del monte Fuji de fondo, todo un lujo (porque no es habitual que se vea, hace falta un día con cielo raso y sin neblina).



Al salir fuimos a dormir al hotel cápsula. Si os habéis leído esta parrafada es solo por la promesa de que hablaría de ello, lo sé. Se trata de un edificio separado por zonas: tenemos un piso para cápsulas de hombres, otro para las de las mujeres, y otros dos pisos con el ofuro y sala de descanso de cada sexo. La cápsula cuenta con una tele, radio (la mía no iba por eso), luz y alarma. Solo te aisla del resto una cortina o persiana (dependiendo de la cápsula) y oyes a todos los de tu alrededor (la tele o sus ronquidos). Cuando fuimos a mear a la zona de los baños, miré hacía el ofuro y había una persona bañandose. Tenía la espalda completamente tatuada con unas formas similares a dragones... no se si lo sabeis, pero en Japón no se tatúan, porque los tatuajes se asocian a los Jakuza (mafiosos japoneses), y menos uno de ese tamaño. Así que es practicamente seguro que aquel pavo fuera un jakuza... que mal rollo.


En fin, después dormir nos fuimos al Edoya a hacer  el checking. Lo que hicimos ese día lo guardamos para el siguiente artículo. Como adelanto, deciros que visitamos Kawagoe y al día siguiente fuimos al mercado de pescado y al restaurante ninja, entre otros sitios. Como despedida y para no romper la tradición, más fotos de los sakura de esos dos días.




miércoles, 31 de marzo de 2010

Impresiones desde Kioto, segunda parte


Como no, volvemos a estar en un Shinkansen camino a Tokio (en estos momentos viendo desde la ventana el monte Fuji nevado), después de pasarnos cinco días en Kioto. Para que os hagáis una idea de la velocidad, en 2 horas hace 523 kilómetros con 4 paradas (aparte del destino final). En el artículo anterior hemos puesto un vídeo de la nevada. pues esta mañana los tejados estaban nevados, dando una estampa realmente curiosa a los templos. Pero centremonos en lo vivido estos días.

Al día siguiente de visitar Nara, fuimos a recorrer el este de Kioto. A efectos prácticos se trataban de dos rutas, sumando un total de 10 kilómetros aproximadamente. La empezamos por la parte superior, visitando el Ginkakuji, el pabellón plateado. En realidad es un edificio rectangular de dos plantas (que por cierto, nunca ha llegado a tener el recubrimiento plateado) a la orilla de un lago, rodeado de un espectacular jardín (como todos los jardines de estas tierras).


Al salir iniciamos el paseo de los filósofos. Se trata de un camino que resigue un canal dirección sur, bordeado por cerezos. Es un camino precioso y además muy tranquilo (aún siendo sábado), con casitas tradicionales, bosque y algún templo a sus lados. El camino termina a la altura del templo Nanzenji, el cual solo vimos en su parte gratuita (la gran mayoría de templos tienen una zona gratuita y otra de pago).


Al acabar, y después de dar algunos tumbos por una urbanización, acabamos llegando al Heian-jingu, un templo inmenso con un patio de piedra blanca (quizá a alguien le suene del reportaje de Callejeros en Kioto). Además (como no) tenía un espectacular jardín que daba toda la vuelta al recinto. Incluso, como vemos en la foto, tenía las míticas zamburguesas de humor amarillo...para mi desgracia, DaDy  las pasó sin problemas.
 

Hasta aquí podría considerarse la primera ruta del día, que nos ocupó más o menos 4 horas. Pero aún quedaban cosas por ver, así que fuimos hacía el sur hasta llegar al templo Chion-in. Es un recinto amurallado, que más parece una fortaleza que un templo cuando llegas. Por desgracia esta en una completa rehabilitación, por lo que solo pudimos pasear por su patio y pasear por algunas pasarelas de madera (en las que por cierto, había que descalzarse, como en todos los templos japoneses).

Después de una merecida comida, nos fuimos más al sur hasta el templo Kiyomizudera. Se trata de un templo en la ladera de una montaña, desde el que hay unas impresionantes vistas de la ciudad. Para subir había que ascender por unas calles llenas de tiendas y restaurantes, que se encontraban a rebentar de japoneses. De hecho, todo el templo estaba hasta los topes, aunque la verdad es que se lo valía. Lo curioso es que mucha gente iba con el traje tradicional, como  estas simpáticas niñas.

Por último paseamos por la calle de Pontocho, llena de restaurantes y casas maigo. Aquí es donde residen las geishas, aunque no vimos ninguna (únicamente una japonesa disfrazada de geisha para hacerse la foto en un estudio). Una pena, a ver si lo conseguimso en el siguiente viaje. Como el cuerpo ya no aguantaba más, nos fuimos al ryokan, donde (esta vez si) nos metimos en el ofuro a relajarnos. El agua estaba muy caliente, pero humanamente aceptable.
 
Al despertar la siguiente mañana,fuimos a Himeji. Aquí se encuentra el que se considera el más bello castillo de Japón, patrimonio de la humanidad. Se trata de todo un complejo fortificado en perfecto estado, cuya forma actual data del siglo XVII. Al tratarse de un domingo, había una cantidad inhumana de japoneses...suponemos que el hecho que de aquí a 2 semanas lo cierren para rehabilitarlo hizo que aún estibara más lleno. Por suerte no todo eran japos con cámara, algún samurai también había.


El castillo cuenta con varias zonas, separadas por puertas y todo fuertemente fortificado, siempre en camino ascendente. Estaba pensado como laberinto para desorientar las posibles tropas invasoras, y la verdad es que resulta imposible ir en linea recta hacía el edificio principal. Este consta de 6 plantas y toda su estructura es de madera (por lo que había que ir descalzos). Al estar tan lleno de gente, hicimos el recorrido en caravana y no pudimos disfrutarlo del todo, sobretodo de las vistas de la ciudad desde el mirador superior. Por cierto, descender fue una tortura, porque al ir descalzo los empinados escalones de madera (y con borde metálico para más inri) eran muy dolorosos.

Al llegar a Kioto decidimos acercarnos al Fushimiinari-taisha. Se trata de un templo que tiene una camino de puertas tori de unos 2 kilómetros de longitud, expresamente recomendado por Felipe y Natalia, antiguos visitantes de la ciudad. No lo hicimos entero, ya que el templo ya estaba cerrado (eran las 5 de la tarde pasadas) y era en continua ascensión, pero caminamos un buen trecho (que DaDy grabó en video).


En fin, esto es todo por hoy, que Tokio se acerca y cada día me quedan más largos los artículos. En el siguiente toca el norte de Kioto (con su nevada) y la vuelta a Tokio (relato de hotel cápsula incluido, a ver que tal nos va). Para no decepcionaros (aunque no tengo claro si alguien las espera) os dejo fotos de los cerezos.

 

domingo, 28 de marzo de 2010



Volvemos a estar en un tren de alta velocidad, esta vez camino a Himeji, a ver su castillo. Como siempre, el tren parece que va a despegar. Espero esta vez no tardar tanto en poder colgar el articulo, que se me acumula el trabajo.
esta vez escribire de los dias que hemos visitado parte de Kioto y la ciudad de Nara, tierra de ciervos asesinos.



Si la memoria no me falla deje la cronica en el tren camino a Kioto. Al llegar llovia bastante, asi que fuimos directos al hotel. Esta a unos 10 minutos al norte de la estacion (que podeis ver en la primera foto del articulo), asi que no tenemos problemas de comunicacion. El hotel es japones autentico, llevado por una familia (con abuela reptadora de pelicula de miedo), cuyas habitaciones son un unico modulo de puertas de madera corredera, baテアos tradicionales (te lavas en un taburete y luego te metes en una baテアera de agua hirviendo...si puedes, nosotros no lo hemos conseguido) que obviamente son comunitarios. La familia es muy simpatica (sobre todo la mujer, que ademas chapurrea ingles) pero solo hay internet en un pc hecho polvo y casi sin velocidad de subida, asi que es imposible colgar fotos o videos.



Por la tarde fuimos a la zona oeste de Kioto, Arashimaya. Allテュ visitamos el templo Tenryuji, el dragon durmiente (Patrimonio de la Humanidad). Es un complejo inmenso de madera, con unos jardines preciosos que bordean un bosque de bambu. Al salir, nos metimos de cabeza en el bosque de bambu. Es una experiencia unica, nunca me habia paseado por un bosque parecido, el bambu da una sensacion de inmensidad y hace unos efectos de luces sencillamente brutales.



Por desgracia ya se nos habia hecho tarde para ver mas templos( en Japon cierran a las 5 de la tarde) por lo que no pudimos ver ningun otro por dentro. Aun asi, paseamos por la zona un buen rato, bordeando bosques, lagos, cementerios y urbanizaciones japonesas de casitas. Al final se nos hizo de noche y volvimos al hotel con un pack de sushi para cenar.



Al dia siguiente fuimos a Nara, la primera capital nipona. Lo primero que te encuentras despues de una hora de viaje, es una calle de tiendas que nos lleva a un inmenso parque. Aqui estan todos los templos y los ciervos...estos ciervos no son como los de Miyajima. Aqui los ciervos se pasean entre tiendas y casas (incluso dentro de las tiendas), estan a las puertas de los templos y sobretodo al lado de los puestos de venta de comida. Son muy calmados y se dejan acariciar...hasta que aparece la comida. Entonces se convierten en Gremlings.



Cuando compras la comida de golpe te rodean los ciervos, en mi caso unos 5. Si no empiezas a repartir comido ipsofacto, empiezan a darte cabezazos (gracias a Dios que no tienen aun cuernos, como mucho muテアones) e incluso a morderte el pantalon. Todo esto esta grabado en video, ya lo subiremos.



En fin, despues de esta experiencia nos fuimos al templo Todai-ji (Patrimonio de la Humanidad). Se trata del mayor edificio de madera del mundo (y eso que la actual estructura es un tercio mas pequeテアa que la original) y contiene el mayor Buda de bronce del mundo. Es un templo donde todo es inmenso, una autentica pasada. Segun vimos en un mapa, antiguamente estaba custodiado por dos pagodas, pero ya no queda nada de ellas.



El resto de dia lo dedicamos a pasear por el parque. Pasamos por varios templos y santuarios, como Nigatsu-do, Kasuga taisha (estaba en obras) o el Kofukoji (otro templo que estaba en restauracion parcial). Ademas hay varios lagos en el parque e incluso uno tiene una pasarela con un mirador espectacular.



Antes de irnos, para no olvidar que somos unos frikis, nos metimos en un salon recreativo a reirnos un rato. Los japos viven las recreativos muchisimo mas que nosotros (sin contar el pachinko, que directamente es enfermizo), y hay maquinas muy nuevas de todo los tipos (a destacar, unas que se juegan con cartas y que hay de lucha, de hipica, futbol, beisbol...).



Bueno creo que ya esta bien por hoy, en el siguiente articulo lo mas seguro es que hable del este de Kioto y del castillo de Himeji. Como extra, vuelvo a poner mas fotos de la floracion del cerezo.






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